actualizado en 20/05/2013
Memoria FSM 2003

07.04.2003
Taller: Politólogos por una mundialización democrática

Propuesta desde la ciencia política para la construcción de una mundialización democrática

Organización: Red Argentina de Ciencia Política Mariano Moreno
Lugar y fecha: PUC – Predio 50 sala 201 – viernes 24 de enero de 2003
Contactos: Sylvia Ruiz Moreno
E-mail: sylviarm@sinectis.com.ar
Web: www.cienciapolitica.com

Proponemos que los politólogos abandonen el encierro de las universidades, que salgan a participar de los problemas de la sociedad. Las ciencias sociales y políticas tienen el deber de proponer nuevos modelos de desarrollo, fomentar el establecimiento de nuevas alianzas para la democracia y la paz. Deben estar a la vanguardia de la transición entre un mundo de violencia y la cultura de la paz. Deben desenmascarar el orden internacional que conduce a la violencia y la miseria de la gran mayoría de la población.

En este sentido, propiciamos el desarrollo teórico y militante del concepto de MUNDIALIZACION DEMOCRÁTICA. Entendemos esta idea a partir de tres dimensiones fundamentales:

. Democratización de las relaciones internacionales
.Derechos humanos
.Democracia participativa

Planteamos la necesidad de estudiar y velar por el efectivo cumplimiento de los derechos humanos en todas sus manifestaciones, propiciar la expansión de las prácticas de democracia participativa en todo el mundo -en particular el caso del presupuesto participativo nacido en Porto Alegre- y avanzar en la creación de instituciones y alianzas sociales que conduzcan a la democratización de las relaciones internacionales.

Como latinoamericanos, nos preocupa el incremento de las desigualdades sociales que está minando los cimientos de la democracia en nuestro continente, y propugnamos el análisis y la colaboración en el establecimiento de medidas que contribuyan a reestablecer los derechos humanos básicos en nuestras sociedades.

La experiencia del Foro Social Mundial constituye una plataforma de articulación de estas propuestas, y por lo tanto reivindicamos la participación de los cientistas políticos en sus reuniones. Por esta razón impulsamos la creación de una red mundial de politólogos para contribuir a la formación de una sociedad más justa y democrática, basada en los valores de la paz, la libertad, la igualdad, el respeto y la tolerancia de todas las diferencias.

Porque creemos que otra ciencia política es posible y que la contribución que los politólogos en la arquitectura de una mundialización democrática es necesaria, proclamamos POLITÓLOGOS POR UNA MUNDIALIZACIÓN DEMOCRÁTICA.



ANEXO

Documentos de discusión durante el Taller

CONVOCATORIA

Las transformaciones internacionales de las últimas décadas, las consecuencias de la globalización financiera y cultural, la flamante guerra fría unipolar, señalan que la política ya no es la misma que en el siglo pasado.

La crisis de los partidos y las instituciones de la democracia representativa en diversos puntos del planeta, la incapacidad de los Estados nacionales para contener a sociedades cada vez más desiguales y responder a problemas cuya solución está más allá de sus fronteras, la impotencia de los gobiernos ante entidades inter y transnacionales cuyos abusos no pueden detener, obligan a una redefinición de las condiciones de la democracia.

El florecimiento de la dimensión global de los movimientos y organizaciones sociales contra el despotismo de los regímenes internacionales, la participación popular a través de asambleas, petitorios y plebiscitos, el avance de la aplicación del presupuesto participativo en diversos ámbitos y regiones, expresan la construcción de nuevas prácticas políticas.

Si la política de los siglos XIX y XX estuvo concentrada en el marco estatal, aún cuando su dinámica no se limitaba a las reglas institucionales, hoy, el Estado nación ha dejado de ser el núcleo de la construcción del poder, de la toma de decisiones y de las formas de participación social.

A partir de estas consideraciones creemos que una ciencia política comprometida con la realidad de su época tiene el deber histórico de dar cuenta de todas estas mutaciones que implican la redefinición de las concepciones clásicas de democracia, poder, participación política, sujetos sociales, instituciones locales, nacionales e internacionales. Se trata de un cambio de eje teórico pero también de las prácticas propuestas desde la ciencia política para construir otro mundo posible.

Todos estos conceptos remiten al problema de la efectiva aplicación de los principios democráticos ante un mundo gobernado predominantemente de acuerdo a las premisas de la globalización neoliberal. En tales circunstancias, cuando el centro del poder excede el espacio nacional de la mayoría de los Estados, no puede haber democracia si no se democratiza la política internacional. Por lo tanto, si la ciencia política tradicional asentó sus esquemas teóricos en los debates para una teoría de la democracia, nuestro tiempo exige avanzar en el estudio de la mundialización democrática.

Proponemos elevar a un primer plano de los estudios teóricos y aplicados de la ciencia política, los temas que hacen referencia a la política actual: democracia participativa, su concepto y su aplicación a través del presupuesto participativo, que a su vez implica un nuevo concepto de gestión pública local y nacional.

La democratización de las relaciones internacionales, mediante el estudio de los sujetos sociales de la globalización y de la reconstrucción de los organismos internacionales como la ONU o su reemplazo por otros que permitan la ampliación de la base de la toma de decisiones y la búsqueda de la resolución pacífica de los conflictos entre los Estados, entre particulares, o entre Estados y particulares.

El estudio de los partidos, movimientos y organizaciones sociales en función de su dimensión global y su acción articulada con otros grupos allende sus límites territoriales, a través de experiencias como el Foro Social Mundial.

La nueva relación de los medios masivos con la política, a la luz de todas estas transformaciones, y en particular la incidencia de la cultura neoliberal en la opinión pública y la dinámica de los grupos políticos y sociales a partir de las posibilidades que brinda la comunicación interplanetaria.

Animados por estas inquietudes, convocamos a todos aquellos que se dediquen a la actividad política desde el plano teórico, el análisis aplicado o desde la práctica en experiencias concretas, que estén de acuerdo con esta necesidad de reforma de los estudios políticos, a reunirnos en un espacio de debate y articulación de los aportes individuales o colectivos, a fin de construir una ciencia política comprometida con su objeto: Politólogos por una mundialización democrática.


Documento de trabajo:
Necesitamos otra Ciencia Política para recuperar la Democracia


Autor: Lic. Ricardo Romero
Organización: Red Celso Daniel por el Presupuesto Participativo

Ejes propositivos:

- Contraposición entre la democracia participativa y el institucionalismo de la ciencia política tradicional.
- Presentación del Presupuesto Participativo como “el modo petista de gobernar” y necesidad de su estudio desde la ciencia política.
- Concepción del Presupuesto Participativo como punto de partida de una radicalización democrática que reformula los conceptos politológicos.

El grito de “libertad”, “igualdad” y “fraternidad marcó el comienzo de la modernidad, barriendo las arcaicas estructuras feudales e impulsando la idea del “gobierno del pueblo”. Pero pronto las aguas se dividieron al momento de pensarlo, la Democracia Directa defendida por Jean Jacobo Rousseau se contraponía al principio delegativo del “gobierno civil” de John Locke que configuraba una República basada en una

Democracia Representativa que, en este caso, estaba formada por los propietarios.
A lo largo del siglo XIX, las Repúblicas Democráticas, producto de las luchas sociales, irían ampliando su principio de representación, a través del sufragio universal y la inclusión del voto femenino, la Sociedad Civil expresaba su voluntad política en el Estado. Incluso, a mitad del siglo XX, el Welfare State permitió la ciudadanización garantizando derechos económicos y sociales.

La globalización neoliberal produjo un hiato entre la Sociedad Civil y el Estado, donde los gobernantes abandonan la voluntad popular y se subordinan a los mandatos de los grupos financieros internacionales, sometiéndonos a una dictadura del mercado. La crisis de representación no puede explicarse sin la expansión a escala planetaria de un modelo de acumulación que excluye a bastos sectores sociales y desmantela las potencialidades productivas y los controles institucionales de los países.

El neoliberalismo sentó sus bases sobre la profunda crisis provocada por la caída del "socialismo real" y la legitimación de un discurso único que impuso los criterios de la teoría neoclásica, que subordina las relaciones humanas a la órbita mercantil dejándonos ante un virtual darwinismo social que es necesario revertir. La Economía no fue la única disciplina que se vulgarizó, el neoclasicismo penetro en las bases metodológicas de otras disciplinas, como el “racional choice” en las ciencias sociales.

En la Ciencia Política reinó la corriente “institucionalista”, que mantuvo la reducción del concepto de “Democracia” a la idea de “Poliarquía”, dejando el gobierno a los “grupos representantes” bajo la decimonónica idea de que el pueblo no delibera ni gobierna. Ante la crisis señalada, es claro que necesitamos repensar la idea de gobierno popular, y los politólogos tenemos una importante responsabilidad en eso.

Como un golpe de aire fresco y recuperando el ideal rousseauniano de “Democracia”, el Partido dos Trabalhadores en Brasil impulsa su modo de gobernar: el Presupuesto Participativo, siendo su base principal, la idea de un pueblo soberano, donde el gobierno responde a sus necesidades y no se deja caer la estructura presupuestaria ante la disciplina del mercado.

A través de Asambleas Populares y Temáticas, la población participa en un aspecto central de la administración pública, el gasto. La determinación sobre las prioridades en la estructura de partidas presupuestarias replantea el desarrollo de la Democracia. Repolitizar la gestión pública, repensar las políticas estatales y abrir la participación, marcan un nuevo horizonte en la ciudadanía y en la política en sí.

El Presupuesto Participativo es un proceso que permite una radicalización democrática, donde los ciudadanos no delegan la gestión pública, participando desde un “espacio público no-estatal” en las decisiones políticas del Estado. Esto abre paso a mecanismos de consulta como los plebiscitos, referéndums, consultas populares, audiencias públicas, tribunas populares, etc. Esta es la base para la construcción de una Democracia Participativa.

Recuperar al pueblo como soberano, es un camino que los politólogos debemos buscar, contraponiendo a la idea de “gobernabilidad”, que preserva las democracias delegativas, el principio de transformación, donde las bases fundantes de la Democracia sea buscar el bienestar general. Nuestro gobierno debe a la población y no estar al servicio de los banqueros, especuladores y mafiosos.

Con el espíritu revolucionario del jacobino y primer politólogo argentino Mariano Moreno, desde la Ciencia Política queremos avanzar hacia la construcción de una “Democracia Participativa” que diagrame una nueva estructura democrática para las sociedades y que las saque de esta profunda crisis institucional, recuperando el gobierno para el pueblo. Siguiendo estos ejes, y recordando a uno de los cuadros más importante del PT, es que impulsamos la “Red Celso Daniel por el Presupuesto Participativo”, buscando contribuir a una nueva forma de pensar la política, con la firme utopía de que Otro Mundo es posible.

Ricardo Romero: Politólogo y Profesor Invitado: “PT y Presupuesto Participativo”- Ciencia Política-UBA. Coordinador de la Red Celso Daniel por el Presupuesto Participativo. Miembro Fundador Red Argentina de Ciencia Política “Mariano Moreno”. www.cienciapolitica.com


Documento de trabajo:
América latina, hacer de la crisis una oportunidad de cambio. Desafíos y aportes de la Ciencia Política a la recuperación de las capacidades transformadoras de las democracias latinoamericanas

Autor: Lic. Fabián Bosoer
Secretario Académico
Carrera de Ciencia Política
Facultad de de Ciencias Sociales
Universidad de Buenos Aires

Organización: Carrera de Ciencia Política
Universidad de Buenos Aires

Ejes propositivos:

- Desafío de “edificar verdaderas repúblicas democráticas” contra el vaciamiento de las democracias.
- Vinculación de las políticas nacionales y supranacionales, propiciando el multilateralismo a todos los niveles.
- Crítica y revisión de la responsabilidad de los intelectuales en la concepción de herramientas teóricas que contribuyeron al vaciamiento de los valores democráticos.

Hace dos décadas, los pueblos de gran parte de América latina empezaban una verdadera gesta emancipadora que tuvo como primer y principal objetivo la liberación de la opresión, la recuperación de las libertades ciudadanas y de la soberanía popular en el ejercicio del voto para la elección de gobernantes y parlamentos, la reinstauración del estado de derecho y el inicio del camino de construcción de verdaderas repúblicas democráticas. Dos décadas más tarde, una nueva etapa de regeneración democrática y movilización social busca encontrar su tono en un contexto internacional de creciente interdependencia.

Veinte años atrás, cada uno de nuestros países venía de sufrir –o estaba sufriendo- durísimas y traumáticas experiencias dictatoriales, y lograba sobreponerse y recomponer sus fuerzas y su esperanza, mientras los regímenes autoritarios se batían en retirada dejando dolorosas y onerosas secuelas. Toda América latina se ponía en marcha en lo que fue una verdadera epopeya civilista, a la que la ciencia política bautizó bajo el nombre de “procesos de democratización” o de “transición democrática”.

Empezó en Ecuador, siguió en Bolivia, luego en la Argentina, se sumaron Uruguay y Brasil, para llegar años más tarde a Chile y Paraguay, con distintos grados de plenitud y de condicionamientos. Se supieron vencer tremendas dificultades y superar obstáculos y condicionamientos que parecían destinados a frustrar una vez más las expectativas y esfuerzos sociales. Se lograron desarticular, una a una, las mallas corporativas que habían atrapado los resortes de los poderes y los procesos decisorios. Ello fue posible cuando se alcanzaron consensos fundamentales para actuar en forma mancomunada, cuando existió liderazgo democrático y cuando hubo recursos intelectuales e inteligencia comprometida con la tarea de gobernar en consonancia con lo que las sociedades verdaderamente demandaban.

Cuando no fue así, cuando se fraguaron alquimias tecnocráticas, liderazgos decisionistas y populismos de ocasión, o cuando se llevaron adelante políticas hegemónicas y exclusivistas, el resultado fue la depredación de las instituciones, la malversación de la confianza social y el desfondamiento de las capacidades productivas y recursos existentes.

Como resulta claro y evidente a nuestros ojos, este curso histórico de marchas y contramarchas, aciertos y errores; irreversible en muchos sentidos, y en algunos otros, igualmente importantes, precario, fragil y sinuoso, está lejos de haber culminado o de haberse agotado en la vigencia de las libertades fundamentales y el recambio pacífico de gobiernos. Asumirlo de tal modo, con una concepción minimalista de los procesos de democratización y sus implicancias, constituiría además de una endeble postulación politológica, una claudicación intelectual.

Por el contrario, ese camino, el de la edificación de auténticas repúblicas democráticas, muestra en su actual emergencia que se enfrentan hoy similares desafíos en cuanto a su magnitud y trascendencia, aunque en otra etapa de maduración y aprendizaje. Particularmente, cuando lo que se afronta como principal problema no es tanto la existencia y persistencia de factores antidemocráticos objetivos como los riesgos de vaciamiento, decaimiento o distorsión grave que sufren nuestras democracias desde dentro de su propia existencia y sustentabilidad, frente a factores como la extrema desigualdad, la pobreza extendida, la exclusión social y la corrosión de valores y principios que estas situaciones de injusticia han engendrado en las relaciones de dominación y en las propias prácticas sociales.

Como hace veinte años, existe la percepción de que se empieza, en muchos sentidos, una nueva etapa, comparable con aquella que nos liberó de los regímenes autoritarios. Una nueva etapa en la que es necesario saber incorporar los datos de realidades nacionales, regionales y globales que en mucho han cambiado respecto de dos décadas atrás. Tal ha sido también la profundidad de la crisis de modelos y la consecuencia de los derrumbes y colapsos que esta crisis ha desencadenado y que sucesivos gobiernos y dirigencias no han logrado remontar en los términos de una verdadera gobernabilidad de la economía y una adecuada articulación entre el Estado, el sistema político y la sociedad.

Pero empezar de nuevo no debe significar en modo alguno empezar de cero, haciendo tabla rasa con la memoria y la experiencia de esa historia reciente. Están severamente dañados los tejidos de nuestras estructuras económicas y sociales, las columnas y maquinarias de nuestro funcionamiento institucional, los vasos comunicantes entre la gente y sus dirigencias políticas tradicionales.

Pero debemos saber rescatar, dentro de este cuadro, aquello que nos permite vislumbrar el futuro de otra forma. Rescatar aquello que nuestras sociedades han logrado afirmar como principios éticos fundamentales y como rutinas institucionales en el resguardo de las libertades y los derechos, en un pie de igualdad con las nuevas formas de acción colectiva y liderazgo social en torno de las cuales deberán recrearse líneas estratégicas de acción que puedan ser plasmadas como verdaderas políticas de Estado.

La agenda de esta primer década del siglo XXI coloca en un primer lugar el diseño de un modelo que traduzca en políticas el principio de que la lucha contra la desigualdad social no es ya una consecuencia sino una condición previa para el crecimiento económico.

Esta nueva etapa de resurgimiento democrático y sacudimiento de las estructuras de la dependencia y el atraso no se puede desplegar si no es poniendo en consonancia las políticas nacionales con aquellas que se desarrollan en el nivel supra nacional, regional e internacional al mismo tiempo que vinculando al campo institucional y gubernamental de una manera mucho más estrecha con el campo académico e intelectual.

Frente a una globalización caracterizada por el unilateralismo arrogante, dirigida desde un gran Estado-potencia con múltiples poderes fácticos y modalidades e imposturas neo-imperiales, existe un camino alternativo que defender y desarrollar: un multilateralismo “a banda ancha”, que promueva los procesos de integración económica, social y política tanto en la dimensión intergubernamental como el de las sociedades civiles. Pensar y construir una “polis” supranacional, como la están pensando y construyendo los europeos, y aquí está el Mercosur, como gran espacio de convergencia entre las democracias del Cono Sur, para fortalecer nuestras capacidades nacionales y proyectarlas a una más satisfactoria inserción en el mundo.

Por nuestra parte, existe una responsabilidad central de los intelectuales y los cientistas sociales, de cara a ese futuro que tanto nos cuesta recrear y volver a vislumbrar, y que tanto necesitamos en nuestro horizonte para movernos en una dirección consistente.

La revisión crítica y el esclarecimiento sobre errores y distorsiones son necesarios y hacen a esta reconstrucción y recuperación de la dimensión ética de la política que tanto precisamos. Pero no se debe abandonar la dimensión arquitectónica del poder, precisamente cuando nuestros países deben recomponer sus energías y vertebrarse para recuperar sus capacidades y su confianza.

Es preciso retomar un pensamiento fértil sobre nuestras naciones, en el que las sociedades puedan ver a sus intelectuales y especialistas, estudiosos y analistas del poder y del Estado, las mujeres y hombres de nuestras Universidades, centros de estudio, observatorios públicos y privados, con una disponibilidad y un compromiso volcados a la reconstitución de las ideas de gobierno, en consonancia con las herramientas de gestión y su vinculación con las energías sociales. En esa tarea, foros como el de Porto Alegre ofrecen un espacio excepcional y formidable para propiciar estas sinergias intelectuales y políticas, para pasar de la reacción a la propuesta, de la observación crítica de la realidad a su transformación efectiva.


Documento de trabajo:
Ciencia Política y Mundialización Democrática
Autora: Lic. Sylvia Ruiz Moreno

Organización: Red Argentina de Ciencia Política Mariano Moreno

Ejes propositivos:

- Presentación del concepto de Mundialización Democrática como alternativa a la (ciencia) política neoliberal
- Fundamentación teórico-histórica de su pertinencia
- Dimensiones de la Mundialización Democrática: Democratización de las Relaciones Internacionales, Derechos Humanos –y luchas sociales para conquistarlos-, Democracia Participativa.

Comprender y actuar en la política de nuestro tiempo exige una revisión de los conceptos aceptados y naturalizados por la ciencia política de los últimos años. Si admitimos que los cambios tecnológicos, las transformaciones en las relaciones internacionales, las configuraciones de los sujetos políticos y sociales de nuestro tiempo, difieren a simple vista del mundo ordenado a partir de 1945, que dio origen al desarrollo más prolífico de la ciencia política tal cual hoy la conocemos, entonces deberemos considerar la necesidad de repensar esos estudios.

El pensamiento político ha estado estrechamente vinculado, desde el mundo helénico hasta las épocas recientes, a la búsqueda del “buen gobierno”, que luego se traducirá en las “teorías de la república” y las “teorías de la democracia”. No nos detendremos aquí en la distinción entre estos conceptos, que es sustancial para la teoría política, porque lo que nos interesa es poner énfasis en lo que todas ellas tienen en común: la existencia de un sustrato valorativo sobre lo que implica un buen gobierno.

Como lo señalaba hace ya varios años Atilio Borón , ese cuerpo filosófico había caracterizado al pensamiento liberal de las revoluciones burguesas. Sin embargo, el neoliberalismo que se fue gestando en la década del 80 en el mundo desarrollado y posteriormente arrasó con las naciones del Tercer Mundo que ensayaban su retorno a la democracia, abandonó esa filosofía política. No es que se despojaran por completo de todo tipo de valores, para hacer un culto al procedimentalismo, como se pensó en algún momento. El neoliberalismo tiene sus valores y su teoría de la felicidad –que es lo que caracteriza al liberalismo filosófico-. Si no fuera así, resultaría muy difícil comprender su hegemonía cultural.

Lo que soslaya el neoliberalismo es la noción de comunidad, de espacio público, de vida política. Y lo hace en nombre de una filosofía del individuo, que no nos interesa desarrollar aquí. Sólo diremos que la filosofía neoliberal es la filosofía de la no-política, y en ese sentido se vincula con ciertas formas de pensamiento neoanarquista que andan circulando por estos días. ¿Cómo contribuye una teoría democrática al neoliberalismo?

La misma teoría que suponía ciertos valores, basada en la racionalidad y la supremacía de lo legal, al ser despojada de esos principios, y cuando la razón es reducida a un conjunto de reglas lógicas, puede convertirse en la perfecta justificación de un orden establecido en función de una prescripción ajena a lo político.

A nuestro juicio, esto es lo que sucede con la ciencia política neoinstitucionalista, que, lejos de explicar una realidad muy diferente del mundo para el cual su marco conceptual fue concebido –el predominio de los Estados nacionales, de las lógicas estatales y del sistema de partidos del siglo pasado- cristalizan un orden pretérito para legitimar un establishment del que se pretenden “imparciales” y “autónomos”.

Pero no se trata de la concepción caprichosa de algunos intelectuales que nos pueden resultar un tanto antipáticos, sino que es el resultado de una formación histórica en la que predomina la economía sobre la política. Antonio Gramsci sintetizó esa intersección de manera magistral:

“La política es acción permanente y da nacimiento a organizaciones permanentes en cuanto se identifica con la economía. Pero esta última se distingue también de la política y por ello se puede hablar separadamente de economía y de política y se puede hablar de «pasión política» como de un impulso inmediato a la acción que nace en el terreno «permanente y orgánico» de la vida económica, pero lo supera, haciendo entrar en juego sentimientos y aspiraciones en cuya atmósfera incandescente el mismo cálculo de la vida humana individual obedece a leyes diferentes de las que rigen el pequeño interés individual” .

Decimos que cuando la ciencia política se despoja de esas leyes y adopta las de la economía para interpretar los procesos políticos, también se desentiende su objeto, para entregarse a los brazos de la teoría económica dominante.

Por estas consideraciones creemos que la ciencia política debe pensar la política, como la mejor tradición intelectual de todos los tiempos, desde la vanguardia de su época. Si el pensamiento de la ilustración pudo construir las herramientas conceptuales de las revoluciones burguesas, los politólogos de hoy debemos comprender la política que se está gestando, en vez de jugar con los moldes de otras épocas para ver si encajan en los problemas actuales.

No obstante, el pensamiento político siempre se ha nutrido de aquello que convierte en clásicas a las obras que perduran en la historia de nuestra disciplina. Así que no se trata de quemar bibliotecas sino de cambiar el punto de partida. En lugar de interpretar el mundo político a partir de los esquemas establecidos por la teoría, proponemos comparar los momentos históricos que constituyen las condiciones de producción de los viejos conceptos, con la actualidad, para acceder a la comprensión de nuestro tiempo actualizando las buenas recomendaciones que nos dieron los mejores pensadores de cada época.

Que todo lo dicho hasta aquí sirva a manera de introducción para aproximarnos a lo que entendemos por mundialización democrática. Planteamos que el equivalente actual a los ideales que fundaron la democracia moderna es la construcción de una mundialización democrática. Con esta expresión queremos referir a la contracara de la democracia “minimalista” o “procedimentalista” que sostiene la globalización neoliberal, como apéndice de la economía neoclásica.

Se trata de defender el regreso de la política como filosofía autónoma. Y cuando hablamos de filosofía lo hacemos en el sentido gramsciano, es decir como el pensamiento del intelectual pero también del hombre común que tiene su propia filosofía internalizada, muchas veces de manera inconsciente. Entonces, defender la mundialización democrática significa recuperar los valores inherentemente políticos, es decir los que hacen a la vida en sociedad, a las relaciones entre gobernantes y gobernados, a la construcción de la noción de espacio público.

Mientras el mundo se conmovía por las repercusiones de la Revolución Francesa, y cuando acababa de firmarse la "Paz de Basilea" entre Francia y Prusia, Inmanuel Kant redactaba un ensayo que se atrevía a prescribir las bases de una teoría republicana como sustrato valorativo de un orden internacional. En Sobre la Paz Perpetua (1795) imaginaba la formación de una república mundial, aunque la consideraba irrealizable. En cambio, sí creía posible constituir una federación de repúblicas, basada en tres principios o "artículos definitivos" que son la base de esta tradición republicana.

El primer artículo sostiene que "la constitución civil de todo Estado debe ser republicana" , entendida en términos de "libertad" de sus miembros, "dependencia" respecto de la ley, e "igualdad" de todos los súbditos. El segundo artículo, establece que "el derecho de gentes debe fundarse en una federación de Estados libres" , en aras de preservar su seguridad, aunque con el mismo objetivo, esa federación estará en "continua expansión" , y por este motivo se promueve la formación de más repúblicas, con el objeto de mantener la seguridad colectiva. El tercer artículo plantea que "el derecho cosmopolita debe limitarse a las condiciones de la hospitalidad universal", es decir que no se maltratará al huésped por el mero hecho de ser extranjero, mientras éste no abuse del recibimiento.

En definitiva, esta propuesta extiende el derecho público a las relaciones entre los Estados hasta el máximo posible, para alcanzar por este medio la paz definitiva, tal como lo expresa Kant en las últimas palabras de su ensayo:

"Si existe un deber y al mismo tiempo una esperanza fundada de que hagamos realidad el estado de un derecho público, aunque sólo sea en una aproximación que pueda progresar hasta el infinito, la paz perpetua, que se deriva de los hasta ahora mal llamados tratados de paz (en realidad, armisticios), no es una idea vacía sino una tarea que, resolviéndose poco a poco, se acerca permanentemente a su fin (porque es de esperar que los tiempos en que se producen iguales progresos sean cada vez más cortos)."

Kant veía la cooperación de las naciones, no como un resultado natural de la afabilidad de sus miembros, sino como un acuerdo racional motivado en la necesidad de sobrevivir al caos que provocaban los impulsos de conquista, teniendo en cuenta que el imperativo de expandir la fraternidad internacional y los principios republicanos como requisito para que la paz prevalezca y tienda a la perpetuidad.

Posteriormente, la teoría política del “imperativo categórico” del filósofo alemán, que caracterizó a su época, el denominado “contractualismo”, se concentró en los aspectos nacionales, porque la prioridad era construir los Estados modernos y toda la política se concentró en ese asunto. Más allá de algunos proyectos regionales, hubo que esperar al siglo XX para que se volviera a pensar el sistema internacional en función de la teoría democrática nacional.

Si, a lo largo del siglo pasado fueron muchos los movimientos sociales –en particular los de izquierda, por su tradición cosmopolita- que incorporaron una dimensión internacional a sus reivindicaciones, los múltiples condicionamientos que sufren los Estados y aún los ciudadanos por parte de fuerzas inter y transnacionales –desde los Estados poderosos, hasta las grandes corporaciones empresariales, pasando por la cultura mediática- tornan imprescindible considerar la democratización de la política internacional, como un imperativo para garantizar la vigencia de los valores democráticos.

De manera que un elemento primordial de la mundialización democrática, consiste en la reflexión sobre las condiciones de la democratización de las relaciones internacionales, así como la lucha para llevarla a la práctica. Pero nuestra propuesta no implica una superposición de estos dos conceptos. La mundialización democrática no puede existir solamente en la esfera internacional, o en las relaciones entre ciudadanos provenientes de diversos Estados. La mundialización democrática consiste desde nuestro punto de vista, en el establecimiento de todos aquellos valores que permitan sostener la democracia en nuestro tiempo.

La defensa de los derechos humanos, y la reflexión sobre el alcance de estos derechos –que es una interpretación histórica- también es una dimensión de la mundialización democrática. El estudio de la lucha por la conquista o la recuperación de estos derechos constituye un elemento esencial del análisis político de nuestro tiempo, plagado de contradicciones sobre el acuerdo social del contenido de los derechos humanos, aún después de haber sido consagrados por la Organización de las Naciones Unidas y ratificados por los Estados.

La redefinición de los atributos de gobernante y gobernado que definió a las democracias burguesas de los siglos XIX y XX también es una característica del tiempo que vivimos. Por eso la democracia participativa resulta una sugerencia teórica apasionante que abre el camino para múltiples fórmulas de acción política, que se escinden del esquema tradicional de los sistemas representativos.

Abrir nuestras mentes a los desafíos de la política que se está gestando en diversos puntos del planeta, es la base de nuestra propuesta crítica de ciencia política, que tiene como formulación afirmativa la propuesta de la mundialización democrática. Esperamos que estas ideas sirvan para el debate de todos aquellos que piensan y actúan políticamente.







 
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